sábado, 14 de marzo de 2015




Autobiografía

Nací en enero de 1986, hacía más de treinta grados como a las cinco de la tarde. Si creyera en los orígenes, diría que por eso siempre preferí el calor al frío y la playa a la montaña. Pero nací rioplatense y me llamaron Magalí. Así, con acento en la í. Un día que nunca recordé, me dijeron que Magalí venía de Margarita y me gustó. Me gusta tener un nombre que viene de una flor y que lo haya elegido mi papá.
Él me enseñó la música y con ello vino la guitarra. Hizo una canción para mí cuando nací. Siempre que la escucho, lloro. Me viene como del útero, de la reminiscencia del embarazo de mí misma. La guitarra me salvó la vida, junto con las palabras y la capacidad de escribir. Cuando estoy triste, agradezco saber escribir y tener una voz para cantar además de a mis amigas, luchadoras incansables en la defensa de la alegría.
Tengo una gata que se llama Colifa, ella me eligió a mí. Un día se metió en mi cama y ya no pude sacarla. Me ganó el corazón en los dos días en que ella aprendió a quererme.
Hice la escuela a fines de los noventa. Cuando estalló el 2001 cursaba tercer año y era revolucionaria. Revolucionaria me hizo mi mamá y a ella su papá y la época. En esos años decidí estudiar sociología. Pensaba que iba a ser mi arma para cambiar el mundo. Era mil veces más optimista que ahora.
A los veintipico descubrí el feminismo en la facultad y algo me cambió para siempre. Entendí que para cambiar el mundo había que cambiar primero la propia vida. Sin embargo, y a lo largo de los años, nunca logré hacer coincidir una manera de pensar con una manera de sentir. Sigo sufriendo por amor y por las desigualdades casi en igual medida. Al fin creo que esto no va a cambiar.
A fin de año pedí  tresdeseos. Quise no volver a pedir por las cosas importantes. Entonces no pedí por el amor, ni por los reencuentros, ni por los grandes proyectos. Pedí cantar, bailar y estar contenta. Con eso me alcanza y sobra.


Magalí 2015