
Hoy supe que no me sentiría bien (no iría a trabajar). Me
senté en la cama, apagué el teléfono y me quedé en silencio, la oscuridad de un cuarto sin
ventana. Me pesaban las piernas y dormí. A las once volví. Todo era igual.
Mi día no había empezado y lo creía terminado. (Intentaba pensar un plan), me
imaginaba gente, yendo y viniendo, apurada, haciendo colas, trámites, tomando
colectivos, decisiones. Me aturdí totalmente. Sólo pensar la velocidad de las
cosas. Volví la cabeza a la almohada y lloré un rato. Pensé y pensé en mí, tan
intensamente, que me sentí débil, como enferma. Me acurruqué con la gata.
(Salvación). Tomé su cariño, lo sentí verdadero. Me refugié, mientras tanto, en
las palabras. Fueron las tres. No había empezado mi día. Fui minúscula. Salí de
la cama. Prendí la compu. Busqué mensajes, miré mis fotos, escribí, escribí,
escribí. Sentí hambre. Por fin. Me vestí y caminé. Flotaba como si no tuviera
peso. La gravedad me había abandonado. Floté por ahí, sin rumbo
fijo, (un desafío para nuestro signo). Quise contártelo, para
sorprenderte. Te llamé, te dije que te extrañaba, que estaba flotando y me
creíste. Volé hasta casa, ya casi no sentía los pies, me acosté un rato,
mientras miraba el teléfono. Fumé. Recordé el día que me leíste tus crónicas.
Eran las cinco. Se me ocurrió invitarte a cenar, te llamé de nuevo. Tu voz me
calma. Por suerte. Me escucho real y concreta. Sudé. Me levanté, me bañé y te esperé.
Pensé que la vida era linda, después de todo. Una podía. Tomarse unos días.
21feb2014