Sumergirse
lo que no acaba
en los vaivenes del cuerpo
sin nada que me ataje
ni quien me siga
en la maldita máquina de la memoria
siempre dispuesta a encontrarnos solos
sentados en un auto
y agarrarnos con la sorpresa
de quien conoce
la muerte por vez primera
lo finito y lo que se sucede
sin cesar frente a los ojos
hileras de recuerdos
dispuestas a aplastarnos
solos
en plena luz del día